jueves, 30 de julio de 2009

Inventario de tequieros



Dedicado a mí mismo, por ser tan copado


Al principio fue un te quiero
de los que saben querer sinceramente,
un te quiero con el corazón desnudo
como el arrullo del arroyo en la montaña.

Pero de tanto quererte y quererte mansamente,
te fui queriendo más de lo que quise,
te quise con mil legiones de te quieros
temblándome en el pecho,
con todos los te quieros juntos
desde el primer te quiero
hasta los te quieros que aún no se han querido.

Y, como si tantos te quieros no alcanzasen,
te quise también con te quieros de otros mundos,
de esos mundos donde brotan manantiales de te quieros,
donde la gente come te quieros en las cafeterías,
se baña con te quieros de tango y de vainilla,
con te quieros de licor y de frambuesa
y llenan las secretarias toneladas de folios de te quieros
y, a cada instante, de cada te quiero
nacen otros mil te quieros más.

Después te quise con te quieros militantes
que pintan con aerosol “¡Te quiero o muerte!”
y fui un gigantesco terrorista del te quiero
un te quiero kamikaze
de esos que se pintan la cara de te quieros
y que dejan la vida por quererte.

Fui un te quiero armado de fusiles
cargados de te quieros
o quizás de un solo te quiero
pequeño como una granada
que explota con la fuerza de un te quiero colosal
del que se desatan,
con fuerza relámpago y de trueno,
cuarenta y siete millones de te quieros.

Fui un te quiero
que de espaldas al olvido
hubiese cambiado su vida
por que el planeta entero quepa
en el último grito del último te quiero.

Pero ahora te quiero tanto y tan sin formas,
tan sin entender por qué te quiero,
que tendría que contratar una agencia de te quieros
para que me lo expliquen ante un escribano
que me haga firmar un documento
para que de una vez y para siempre
quede asentado en actas que te quiero.

Fotos del magnánime Arbuto o Arbuto, el Supino, como se lo conoce en Emiratos Árabes Unidos