martes, 22 de marzo de 2011

La cortesana indomada

PERSONAJES

GUSTAVO ZELÓTIPO, cortesano.
ADRIANA MACRIS, mujer de Zelótipo.
FORMOSO, cortesano enamorado de Macris.
LÉPIDO, bufón de Zelótipo, marido de Medea.
MEDEA, criada de Macris.

 
PRÓLOGO

LÉPIDO: (al público) Aquí me pongo a contar
alegrías y desdichas
que no valen ni tres fichas
pero yo las canto igual
con un verso desigual
pues antes no han sido dichas.
Pido a los santos del cielo
que prendan los reflectores
que aquí llegan los actores
que esté acto empezarán.
Con el que mira el pacto harán
de respetar los factores
que a este acto tan moderno
hacen sonarlo algo viejo
mas más que viejo, es añejo,
pues mejoró con los años
sin secarse los empaños
de las rimas que manejo.
Que se vaya ya el que sobra,
pues ya comienza la obra.

Telón.

ACTO PRIMERO

Escena I
(Formoso, en su cuarto. Allí, hay una pintura de la boda de Adriana y Zelótipo, en la cual Formoso añadió del lado de Adriana una fotografía de él. Su foto y la pintura de ella están encerradas con un corazón trazando con un lápiz labial rojo; hay dardos sobre el rostro de Zelótipo)

FORMOSO: (indignado) Los lasos de los celos infernales
de Gustavo Zelótipo me atan
al dolor y la distancia, y me matan
en el tiempo de Amor, con sus puñales.
(mirando a Adriana en el retrato)
Tu rostro, Adriana, me niega la alianza
que porta él en su dedo traicionero
¿Por qué el Dios que de amor es cocinero
no llena, de mi corazón, la panza?
¿Por qué, amada, no he de poder amarte?
¿Por qué el cielo me niega el poseerte?
¿Por qué, entre abrazos, no puedo besarte?
¿Por qué, entre los yuyos, no puedo verte?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? tipo... nada.
Seguramente, porque estás casada.
(cotidianamente) A la fiesta hoy he de ir
mas no tengo compañía.
De la mano de Zelótipo
irá Macris, mi querida.
Sé que al ir me haré dolor
mas el rencor me incentiva;
si no parto antes que empiece,
habré perdido la partida.
¡Iré entonces a la fiesta
solito y sin compañía!
(preocupado) Mas siendo que ese hombre
vigila el salón
y en Macris, mi amada,
pondrá su atención.
Si no quiero verme
en la triste sazón
de que ella me vea
manchado el calzón,
tendré que a Gustavo
pegarle un trompón.
(entusiasmado) ¡Ma’ si! Y a mí que me importa
no lo sabré si no voy.
Esta noche en esta fiesta
¡saldrá Formoso campeón!

Escena II
(en un cuarto en el castillo de Zelótipo)

LÉPIDO: (sólo; al publico) Comenzó su amor con una mirada
que condenó la sangre del amante;
vino, después, algún gesto galante,
prosiguiendo de lleno a la encarada
que desemboca en suplica arrastrada.
La dama se fingió interesante
(cuando él la dejó, se volvió arrogante
por no confesarse enamorada).
Siendo éste el camino del amor
sospechó Zelótipo, enamorado,
que la mujer que amaba era el demonio.
La receta para aliviar este dolor
fue saber que el amor sólo es matado
por el vil olvido (o el matrimonio). (se va)

ZELÓTIPO: (entra, enojado) ¡Adriana Macris, apurate!

MACRIS: (maquillándose en el espejo) No querrás que salga afuera
vestida de vil manera
cual dama de escaparate
que sin decoro vistiera.

ZELÓTIPO:  Ponte más ropa, mujer,
si mujer, aún, quieres ser
y si así vas donde voy
no podré ser el que soy,
pues rufián me habrán de ver.

MACRIS: ¿Por qué quieres enseñarme
estando fea vestida?
Que siendo yo tu querida
linda tendré que mostrarme
y bien tendré que adornarme
con alhajas de diamantes
que ya no son las de antes,
aunque parezcan en todo,
pues no las uso de modo
que atraigan a los amantes.

ZELÓTIPO:  Yo sólo en tu alma retoño,
pues los lazos nos unieron
y tus amantes murieron
cuando me di al matrimonio,
luciendo smoking y moño
y faja y gran honor,
pues, mi amor, eres mi flor,
si no lo fueses, querida,
pienso arrancarle la vida
a quien se haga mi traidor.

MACRIS: Iré así aunque te pese,
pues quien cree la libertad
es la traición o es maldad
o lo que sea, merece
deber ser lo que parece
y un celoso parecer
pues ya debe merecer
el dolor más cruel del mundo
que hasta el peor vagabundo
no lo vea sin correr. (entra Lépido)

LÉPIDO: ¡Hola, lady y chestermán,
como dicen que les van!
Yo no soy un vagabundo
que naufraga por el mundo,
mas sin correr yo lo veo,
inverso al deseo de Orfeo,
pa’ no verlo nunca más
y perderlo en el infierno.

ZELÓTIPO: (gritándole a Lépido) ¡Calla las frases idiotas
que a mi alma la trastornan!
¡Rebalsando voces, agotan
mi paciencia y la alborotan!

LÉPIDO: ¿Qué?

ZELÓTIPO: ¡No rompas las... (le pega un coscorrón en la nuca) paciencia.
(a Macris) No te lo reprocharé más.
Ya aurelio tiempo perdí
y si quieres ir así,
que se burlen las demás
damas que encontrarás
en tan elegante evento.
Me imagino el descontento
que, al verte, les surgirá (se va).

LÉPIDO: (al público) Para burlarme me pagan
Y si me burlo, me pegan
¡Ser bufón, qué triste vida!
Cuando los otros se alegran,
nos recuerdan las desdichas
y nos sumergen en penas;
si no, nos tratan de locos,
cuando no nos abuchean
o nos echan a patadas
o nos cuelgan de una cuerda.

MACRIS: (a Lépido) Basta de hablar, vamos ya
que la fiesta empezará (se van tras Zelotipo).

Telón.

Escena III
(en la fiesta, Zelotipus, Macris, Lépido, Formoso y acompañamiento)

ZELÓTIPO:  Dulce Macris, alma mía,
A la fiesta hemos llegado.

MACRIS: Llegó el momento esperado
de demostrar simpatía.
Mira con que altanería
va Formoso, mi querido.

ZELÓTIPO:  ¿Te acuerdas? Soy tu marido
y si es a él a quien quieres
yo sólo espero que esperes
por la muerte verlo herido.

MACRIS: No seas necio, amor...

ZELÓTIPO:  ¿Quién? ¿yo?

MACRIS: Si, tú, amor de mi vida,
no fue mi voz entendida
cuando ‘querido’ exclamó,
Pues a ti se refirió.

ZELÓTIPO:  Disculpa, querida mía,
mi honda descortesía
y a mi oído que anda mal,
pues no soy un animal
que de tu amor desconfía.

MACRIS: ¿Quién dijo eso, amado mío?
De celoso, nada tienes,
aunque a vigilarme vienes
cuando mi vista desvío
a algún hombre del gentío.

ZELÓTIPO:  Calla. (al público) Que aquí se encamina
el que a mi alma asesina,
ese hombre afeminado
peinadito y arreglado
y más fino que la harina.
Mejor me voy a otra parte
donde que escuchar no halla
las palabras de un canalla.
(a Macris) Ya que escuchar no es mi arte
ni el casarme, mis esposas
y me urgen tantas cosas,
siento, amada, defraudarte
mas no podré acompañarte
con este hombre sin par
en el arte de planear
como engañarme y montarte... (se aleja pensativo vuelve y dice) una trampa.
(hace que se va y se queda circunfiriendo la escena).

(ensueño: iluminación amarilla, a Formoso y a Macris, el resto en penumbras)

FORMOSO: (a Macris, arrodillándose a sus pies) Esos ojos derriten mi mirada,
es esa boca, el terrón de mis celos,
ese pelo, el gestor de mis desvelos,
ese cuello, mi pasión más añorada.

MACRIS: Este miedo de creer en tu balada,
estas lluvias que lloran mis pañuelos,
estos dedos que acunan mis anhelos,
este sueño que no tiene almohada.

FORMOSO: Si tus labios de cereza se cierran
si mi alma, tus lágrimas, no mojan,
si mis pasos no van detrás de ti...

MACRIS: Si tus afanes a mi no se afierran,
si los años tu belleza deshojan...
Mi amor... ¿qué sería de ti sin mí?

(realidad: vuelve la iluminación normal)

FORMOSO: Buenos días, cortesana,
¡Por Dios! ¡Qué bella luce
que a las bellezas reduce
tal belleza tan lozana!

MACRIS: Y en usted que hermosa está
su luz en tal desmesura
que es dulzura en su hermosura
que me mata si se va.

LÉPIDO: (al público) ¿Por qué debo festejar
esta escena en que en la rosa
se torna ya empalagosa
y en el arte de esperar
bellas frases de escuchar
oigo miel que a mis orejas
las pueblan de tantas quejas
dulzonas y redondillas
que mis oídos, al oírlas,
son panal de mil abejas?

ZELÓTIPO: (Gritándoles a Formoso y a Macris) ¡Con que escondiendo un secreto
a mis espaldas, canallas!

LÉPIDO: (a Zelótipo) ¿Sus espaldas son canallas?
Lo creí canalla a usted entero:
de la bota, hasta el sombrero.

ZELÓTIPO: (a Lépido) Si no quieres que me ciegue,
y en tu cabeza te pegue
huye de aquí vil bufón.
(a Macris) En cuanto a tí, corazón,
no sé que quieres que alegue...

MACRIS: Nada tienes que alegar,
dulce amado y alma mía,
pues tu voz es mi poesía
y es tu sueño, mi soñar.
A mi, Formoso llegó
pues a su ansia inquietó
el querer saber la hora
y mi voz contestadora
que son las diez contestó.

ZELÓTIPO:  Por lo que sé, de ese asunto,
la gente poco se habla,
mas esconde esta pregunta
una intención más canalla:
la de hacerse el distraído
para hablar con una dama.
(señalando a Formoso) Y más canalla es su intención
pues la dama está casada
por arreglo, de hace tiempo
con esta faz cortesana.
(a Formoso) Y si no le hace molestia
retírese de esta sala
o a un duelo lo retaré
donde yo seré el que mata
y usted será el que se muere
si es que a usted no lo acobarda
por mi mano verse muerto,
verse muerto por mis balas.

FORMOSO: Ok, acepto ¿Cuál es?
Me dispondré a dejar la sala (da media vuelta).

MACRIS: (a Formoso) ¡Recién me amabas, cobarde!

LÉPIDO: (señalando a Macris) ¡Posición adelantada!

ZELÓTIPO: (a Macris) Traicionera esposa mía.
(a Formoso) La suerte ya ha sido echada.

LÉPIDO: No, el echado fue Formoso.

ZELÓTIPO:  Su vida será arrasada.
Mañana, a la medianoche,
con un revolver por arma,
lo esperaré en la taberna
de la esquina de mi casa.

MACRIS: Quiero creer que querés quererme
pero creo que no me querés
porque el querer puede creer
en el querido y no quererle.

ZELÓTIPO:  Mucho quiero quererte, querida,
Mas no creo que creas en mi
Como creo creerte yo a ti
Creyendo a mi creencia creída.

LÉPIDO: ¿Por qué no allanan la parla?
¿Cómo quieren que les crea
sin que primero no sepa
de cual asunto se hablan?

ZELÓTIPO:  Silencio, bufón imberbe,
que este asunto no te importa.

LÉPIDO: Está bien, amigo mío,
me voy a hacer otra cosa
ya que tanto le interesa
estar solo con su esposa (se va).

ZELÓTIPO: (enojado, mirando la puerta por la que se fue Lépido) Arrogante comediante.
Le cosería la boca (se empieza a ir).

MACRIS: No me dejarás plantada.
¡Esperadme, vida mía,
que hasta recién no sabía
que me hallaba embarazada!

ZELÓTIPO:  ¡Traidora desfachatada!
Me rompiste el corazón
que te había regalado
y aunque no estuve a tu lado,
lo estuvo mi corazón,
que en su afán de ser tu aliado
me dejó y se fue con vos
sin dejarme una caricia
de su rítmico toc–toc.

MACRIS: Fue la pobreza mi esperma
y por ti luzco lozana.
Por ti yo soy cortesana
y parezco cortenferma,
porque el caviar y las termas
con que pagaste mi amor
alimentan el dolor
que en mi pecho se ha alojado,
por conservarme a tu lado
sin valorarme mejor.

LÉPIDO: (volviendo) ¡Deténgase la pelea!
cada uno a su rincón.
Porque yo mucho los quiero,
dense ahora un abrazón
y escuchen la moraleja
que enseñará mi canción:

(cantando) Como el gato y el ratón
era Iván, el del sartén,
enemigo de Ramón,
el galán vil de Belén.
Él llamaba la atención
con su vil novia Belén
a quien dio su corazón
frente a Iván y su sartén.
Era oriundo de Japón
el galán vil de Belén
y, aunque digna es su nación,
golpeó Iván con su sartén.
¿Por cual tácita razón
golpeó Iván con su sartén,
sin mirar el corazón
del galán vil de Belén?
Unos dicen que fue el ron,
otros dicen que Rubén
torna a Iván en enojón
si está a mano su sartén.
Si Rubén bien bebe ron
usa el vaso y no el sartén
con que Iván golpeó a Ramón
el galán vil de Belén.
Y a la fiesta a la sazón
todos van y no lo ven
arrojado en un rincón
por Iván y su sartén.

(Macris se va por la izquierda y Zelótipo por la derecha)

LÉPIDO: (a Formoso) Que le va a hacer, buen señor (se va).

(Formoso mira al público, sonríe pudoroso y se va a la izquierda arrastrando el pie derecho de frente al público)

Telón.

ACTO SEGUNDO

Escena I
(en la calle, Zelotipo y Lépido)

LÉPIDO: Pelado queda el halcón
(aunque la altura lo guarde)
porque él ama a una paloma
que luce escotes y encajes,
mas ella le dio su amor
a un vil gorrión ¡Qué desastre!
Pelado queda el halcón,
aunque la altura lo guarde.
Y apareció la cigüeña
por si faltaba algún ave.

ZELÓTIPO:  Deja de hablar de esos temas;
no soporto esos romances.

LÉPIDO: (al público) Como preocupa a mi amo
este adúltero romance
tendré que cambiarle el verso
por otro que mejor calce
(a Zelótipo) ¿Señor, prefiere el soneto?

ZELÓTIPO:  Prefiero yo que te calles
y no hagas burla de Amor.
Que Amor en ti se desate
y verás que nunca más
de él irás a burlarte.
(reflexivo) Pero cierto es lo que dices
he quedado a la intemperie
de su amor que me era propio
y que a Formoso ahora cede.
¡Qué mal que me va en la vida
que sólo un loco me entiende!

LÉPIDO: (al público) El que entiendo me cree loco,
ni la vida me comprende.

ZELÓTIPO:  ¿Te parece, mi buen Lépido
que mi amor pague con asco
y con reproche las joyas
que yo en su cuello he colgado?

LÉPIDO: Así es el matrimonio
¡Qué le va a hacer mi buen amo!
Uno se casa por gusto
y se divorcia por gasto.

ZELÓTIPO: (para sí) ¡Es la vida muy compleja!
¡Es la vida muy penosa!
¡La vida es como una rosa
que se marchita de vieja!
Los celos son una estaca (saca una petaca del bolsillo interno de su saco)
que me hieren la alma mía,
dejándome en la agonía
de besar una petaca (toma un trago)
y entrar a hacer alaraca
por un imberbe sujeto
el cual no siente respeto
por que el hidalgo Cervantes,
los buenos tangos de antes
o la magia de un soneto.

LÉPIDO: Cuanto dices es verdad
mas Formoso ha escuchado
y estudiado con esmero
tanto a Bach que ha interpretado,
mi buen amo, con su dama
tocata y fuga, insinuando
que a Piazzolla también oye
aunque el misterio ha sobrado
¿De quien será ese pibito?
¿Quien se la habrá embarazado?

ZELÓTIPO:  No lo sé, mas lo sospecho:
fue ese imberbe, despiadado,
pueril y estúpido coso.
Sé que en mi cuarto ha pasado;
me lo dice el corazón
de amores tan agraviado.
Hoy no he de dormir en casa
aunque me encuentre cansado;
me iré mejor a dormir
a algún motel alejado,
así el insomnio me encuentra
en mejor lecho abrigado.
Harto ya estoy de inquirir,
mejor me voy a dormir (se va).

LÉPIDO: (al público) Ta’ cansadito mi amo (se va).

Escena II
(en la casa de Zelótipo, Medea)

MEDEA: (hablando por teléfono) ¿Don Pérez?... Está muy contento
Se compró un Mercedes rojo,
flasheó apenas le echó el ojo.
¿Gustavo? Está violento
No tolera ser despojo
de su amor. Ser un invento
del amor que hay en su dama.
(escucha, 5 segundos) Después fue al shopping, mi ama,
a invertir algún centavo
dejando, luego a Gustavo
(y al buen Formoso en su cama).
(se oyen ruidos en la puerta) ¡Adiós, querida Roberta,
están llegando mis amos
y no quiero que me encuentren
con el teléfono en mano! (Medea corta y se pone a barrer. Entra Macris)

MACRIS: ¡Tragedia, Medea, tragedia!

MEDEA: ¿Qué ha sucedido, mi ama,
que tan preocupada luce
la blancura de su cara?

MACRIS: ¡Tragedia, Medea, tragedia!

MEDEA: Ya lo ha dicho, mi alta dama.

MACRIS: Mi Gustavo Zelótipo
al saberme embarazada
me dijo que el hijo mío
es semilla germinada
en las frondas de Formoso
¿Qué opinas de esto, criada?

MEDEA: (en voz baja) Opino que sí.

MACRIS: ¿Qué dices?

MEDEA: No dije nada, mi ama.
(en voz baja) Debía surgir un día
en el que eso se revelara.

MACRIS: ¿Qué dices, criada mía?

MEDEA: Mi ama, no he dicho nada.
Mas me alegra la noticia
de saberla embarazada,
aunque no tanto el saber
que no es por él aceptada.

MACRIS: ¿No es trágico esto, Medea,
que esto piense el que una ama?

MEDEA: Ya lo creo, mi señora,
pero está ya muy cansada
mejor se me va a dormir
y de esto hablemos mañana
cuando Febo el alba anuncie
que el insomnio es cosa mala
para dama embarazada (se van).

Escena III
(Medea, sola)

MEDEA: ¿Dónde rayos está Lépido?
que sola estoy yo sin él.
¿Por qué no vuelve a la casa?
¿A dónde rayos se fue?
¿A quién acudir ahora?
¿A quién decir cuanto sé?
Lo llamaré al celular
y todo le contaré (llama. Aparece Lépido. Se para a su lado. Hablan por teléfono)
¡Buen día, amor de mi vida!
¡Qué no sabes cuanto sé!

LÉPIDO: La doña está embarazada
y no se sabe de quién.

MEDEA: (excitada) ¿Seguro que no se sabe?

LÉPIDO: Sólo ella puede saber.

MEDEA: ¿No te emociona querido
investigar de quien es?

LÉPIDO: ¿Para que, querida mía,
te empecinas en saber,
si es más dulce una mentira
que deje contento a todos,
que la verdad (si después
terminamos separados
cada uno con su amo
sin alcanzarnos a ver)?

MEDEA: (con tono de réplica) ¿Guardarías la verdad
porque todas nuestras cosas,
nuestros sueños, nuestras rosas,
se queden tal como están
velando la realidad
para así poder vivir
y después ir por ahí
cantando un canto altanero
sabiéndote un embustero
que sólo sabe mentir?

LÉPIDO: ¿Por qué crees que es tan malo
confesarse un embustero?
Y ¿Qué quieres enseñarme
que aprender solo no puedo?

MEDEA: A aprender, amigo mío,
a aprender a ser sincero.

LÉPIDO: (a Medea) Si bien tengo poca edad
no te hablaré de maestro
pues mi maestra es la vida
y de la vida yo aprendo
las verdades que os diré,
pues por verdad las concedo:
No hay peor amor que el honor
si es el honor ser sincero.
Escuchad, querida mía,
escuchad a los sinceros
que os reprochan sus pesares:
“Lo que os diré es muy sincero
y espero que no te ofenda:
por tu culpa estoy enfermo
y es miserable mi vida”,
“Por ti yo soy cartonero”,
“No me gustan tus ojeras”
y “eres fiero, no te quiero”.
¿Es honrado ser sincero?
Si ser sincero es ser honrado,
ser delincuente prefiero.
Ser sincero es egoísmo
y un simplismo es ser auténtico;
si les doy sinceridad
y no los mato, me muero.

MEDEA: Tras esta gran perorata,
tú me dirás: “No te quiero”.

LÉPIDO: Dulce amada y alma mía,
escuchad lo que yo siento:
Cuando te miro, me pierdo;
cuando te miro, descubro;
cuando te miro, soy lerdo;
cuando te miro, me cubro;
cuando me mirás... ¡qué miedo!;
cuando me mirás, renazco;
cuando me ves, yo te quiero,
mas cuando no, ¡qué asco!

MEDEA: ¡Insensible y embustero! (corta, se va)

LÉPIDO: (al público) ¡Aguante Don Maquiavelo! (se va).

Telón

ACTO TERCERO

Escena I
(Formoso al día siguiente, en su casa, solo)

FORMOSO: Ayer me han retado a un duelo
que seguro perderé;
mas yo sin ella, me muero
y, si él me mata, también.
Y si bien no sé de duelos
de coraje me armaré
y con una veintidós
el reto le aceptaré.
(mirando el retrato de ella) Por ti, mi vida, por ti
enfrentaré yo a la muerte
aunque nunca vuelva a verte
ni a tus labios carmesí.
(reflexivo) Mas iré yo a la taberna
vestidito con un traje,
para que en la funeraria
–si mal el duelo me sale–
no me vistan con mil telas
o ropas que desencajen
con el ébano del cofre
con detalles de diamante
que por sepulcro compré.
No vaya a ser que un pedante,
por no ver que soy mejor,
me haga dormir lamentable
en un ataúd de pino
y una lápida delante (se va).

Escena II
(Zelótipo y Lépido, en la taberna)

ZELÓTIPO:  Casi ya es medianoche
Y el gusano no ha llegado.

LÉPIDO: Pero si usted ya está aquí.

ZELÓTIPO:  Cierra la boca, bastardo, (le pega en la cabeza)
que no ando yo para bromas
ni tampoco te he pagado
para que burles mi nombre
y por eso te he pegado.
¿Vendrá acaso ese cobarde
a quien a duelo he retado?

LÉPIDO: No lo sé, quizás, ni idea.

ZELÓTIPO:  Moriré si no lo mato (entra Formoso).

FORMOSO: No te me mueras, cobarde,
que aquí estoy porque soy malo.

ZELÓTIPO:  ¿El qué dijiste, canalla,
que muy bien no te he escuchado?

FORMOSO: Que no te creas que tarde
estoy aquí por el paro
de camioneros que hay
ahí en la esquina, en el barrio
Y no podía pasar,
y todo eso (se sonroja y se ríe tímidamente).

ZELÓTIPO:  ¡Gusano!
Ahora saca tu revolver (Formoso saca el disco “Revolver” de The Beatles).
mi bufón te ha contagiado
sus hondas estupideces
mas ya tu hora ha llegado (entra Medea, llorando y agitada con una carta cerrada).

MEDEA: Señor Gustavo, señor,
la señora se ha matado
y en la mesita del living
esta carta le ha dejado (le entrega la carta).

ZELÓTIPO:  Estás muerto, vil Formoso,
mi mujer se ha suicidado (Formoso se aterra).
Si no os molesta leeré,
enfadoso y amargado,
la sentencia de tu muerte,
después serás balaseado.

(leyendo) ¡Oh, Zelótipo amado!
Mi escrita voz a la taberna envío,
pues sé, te has enojado
por el descuido mío
de pagar con ardiente amor tu frío.
Si hoy la cerveza gozas
por ser una miel amarga y helada
do tus manos reposas,
cual ella fui dorada,
pero yo a tu interior no tuve entrada.
Si un maní estás comiendo
y para ello la cáscara le quitas
cual tú, voy desvistiendo
mi amor; y si pitas
tabaco, cual a su humo, tú me evitas.
Es cierto, te he engañado,
pero hoy está –porque en ti no hubo amor–
mi vientre embarazado
y manchado, mi honor,
que es lo que me ocasiona más dolor.
Fue con un hombre intrépido (Lépido lentamente comienza a irse)
que me quiso cuanto hoy lo quiero,
fue tu buen buzón, Lépido, (Formoso le cierra la puerta)
el que forjó a tu heredero.
Por él pude vivir y por vos muero.

Telón.

EPÍLOGO

LÉPIDO: (disfrazado de angelito) Queridos espectadores,
antes que muevan las piernas
y digan entre el gentío
que esta obra nada enseña,
les dejaré, a falta de una,
las catorce moralejas
–ordenaditas y en limpio–
que este drama les enseña
a quienes siempre se ensañan
con esta vida moderna:

Todos los vasos se llenan con gotas,
todas las certezas son inflamables,
todos los pueblos son redes de cables,
todos los gatos se quitan las botas,
todas los años parecen minutos,
todas las miserias, indestructibles,
todos los sistemas, insostenibles
y todos los labios parecen frutos.
Todos los sueños los pinta Dalí,
todos los bares regalan maní
y todo ideal termina en Sodoma.
Todos los cuerdos mienten más que un loco,
todos los días me muero de a poco,
pero no todo camino lleva a Roma.

Eso es todo, caballeros;
gracias por haber venido,
tengan todos buenas noches
y sueñen con angelitos.

Telón.

FIN de LA CORTESANA INDOMADA

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