sábado, 29 de diciembre de 2012

La lanza de fuego




Con el poncho colorado
entre las lanzas riojanas
peleando en la montonera
un gaucho va haciendo Patria.


Eran sus ojos las chispas que ponen luz a la aurora,
su pelo revuelto eran llamas de ébano negro
y el sol brillaba en sus botas.
Bailaba su poncho y ardía en su facón una luz valerosa
y hasta de fuego era el caballo
de Juan Facundo Quiroga.

martes, 22 de marzo de 2011

La cortesana indomada

PERSONAJES

GUSTAVO ZELÓTIPO, cortesano.
ADRIANA MACRIS, mujer de Zelótipo.
FORMOSO, cortesano enamorado de Macris.
LÉPIDO, bufón de Zelótipo, marido de Medea.
MEDEA, criada de Macris.

 
PRÓLOGO

LÉPIDO: (al público) Aquí me pongo a contar
alegrías y desdichas
que no valen ni tres fichas
pero yo las canto igual
con un verso desigual
pues antes no han sido dichas.
Pido a los santos del cielo
que prendan los reflectores
que aquí llegan los actores
que esté acto empezarán.
Con el que mira el pacto harán
de respetar los factores
que a este acto tan moderno
hacen sonarlo algo viejo
mas más que viejo, es añejo,
pues mejoró con los años
sin secarse los empaños
de las rimas que manejo.
Que se vaya ya el que sobra,
pues ya comienza la obra.

Telón.

ACTO PRIMERO

Escena I
(Formoso, en su cuarto. Allí, hay una pintura de la boda de Adriana y Zelótipo, en la cual Formoso añadió del lado de Adriana una fotografía de él. Su foto y la pintura de ella están encerradas con un corazón trazando con un lápiz labial rojo; hay dardos sobre el rostro de Zelótipo)

FORMOSO: (indignado) Los lasos de los celos infernales
de Gustavo Zelótipo me atan
al dolor y la distancia, y me matan
en el tiempo de Amor, con sus puñales.
(mirando a Adriana en el retrato)
Tu rostro, Adriana, me niega la alianza
que porta él en su dedo traicionero
¿Por qué el Dios que de amor es cocinero
no llena, de mi corazón, la panza?
¿Por qué, amada, no he de poder amarte?
¿Por qué el cielo me niega el poseerte?
¿Por qué, entre abrazos, no puedo besarte?
¿Por qué, entre los yuyos, no puedo verte?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? tipo... nada.
Seguramente, porque estás casada.
(cotidianamente) A la fiesta hoy he de ir
mas no tengo compañía.
De la mano de Zelótipo
irá Macris, mi querida.
Sé que al ir me haré dolor
mas el rencor me incentiva;
si no parto antes que empiece,
habré perdido la partida.
¡Iré entonces a la fiesta
solito y sin compañía!
(preocupado) Mas siendo que ese hombre
vigila el salón
y en Macris, mi amada,
pondrá su atención.
Si no quiero verme
en la triste sazón
de que ella me vea
manchado el calzón,
tendré que a Gustavo
pegarle un trompón.
(entusiasmado) ¡Ma’ si! Y a mí que me importa
no lo sabré si no voy.
Esta noche en esta fiesta
¡saldrá Formoso campeón!

Escena II
(en un cuarto en el castillo de Zelótipo)

LÉPIDO: (sólo; al publico) Comenzó su amor con una mirada
que condenó la sangre del amante;
vino, después, algún gesto galante,
prosiguiendo de lleno a la encarada
que desemboca en suplica arrastrada.
La dama se fingió interesante
(cuando él la dejó, se volvió arrogante
por no confesarse enamorada).
Siendo éste el camino del amor
sospechó Zelótipo, enamorado,
que la mujer que amaba era el demonio.
La receta para aliviar este dolor
fue saber que el amor sólo es matado
por el vil olvido (o el matrimonio). (se va)

ZELÓTIPO: (entra, enojado) ¡Adriana Macris, apurate!

MACRIS: (maquillándose en el espejo) No querrás que salga afuera
vestida de vil manera
cual dama de escaparate
que sin decoro vistiera.

ZELÓTIPO:  Ponte más ropa, mujer,
si mujer, aún, quieres ser
y si así vas donde voy
no podré ser el que soy,
pues rufián me habrán de ver.

MACRIS: ¿Por qué quieres enseñarme
estando fea vestida?
Que siendo yo tu querida
linda tendré que mostrarme
y bien tendré que adornarme
con alhajas de diamantes
que ya no son las de antes,
aunque parezcan en todo,
pues no las uso de modo
que atraigan a los amantes.

ZELÓTIPO:  Yo sólo en tu alma retoño,
pues los lazos nos unieron
y tus amantes murieron
cuando me di al matrimonio,
luciendo smoking y moño
y faja y gran honor,
pues, mi amor, eres mi flor,
si no lo fueses, querida,
pienso arrancarle la vida
a quien se haga mi traidor.

MACRIS: Iré así aunque te pese,
pues quien cree la libertad
es la traición o es maldad
o lo que sea, merece
deber ser lo que parece
y un celoso parecer
pues ya debe merecer
el dolor más cruel del mundo
que hasta el peor vagabundo
no lo vea sin correr. (entra Lépido)

LÉPIDO: ¡Hola, lady y chestermán,
como dicen que les van!
Yo no soy un vagabundo
que naufraga por el mundo,
mas sin correr yo lo veo,
inverso al deseo de Orfeo,
pa’ no verlo nunca más
y perderlo en el infierno.

ZELÓTIPO: (gritándole a Lépido) ¡Calla las frases idiotas
que a mi alma la trastornan!
¡Rebalsando voces, agotan
mi paciencia y la alborotan!

LÉPIDO: ¿Qué?

ZELÓTIPO: ¡No rompas las... (le pega un coscorrón en la nuca) paciencia.
(a Macris) No te lo reprocharé más.
Ya aurelio tiempo perdí
y si quieres ir así,
que se burlen las demás
damas que encontrarás
en tan elegante evento.
Me imagino el descontento
que, al verte, les surgirá (se va).

LÉPIDO: (al público) Para burlarme me pagan
Y si me burlo, me pegan
¡Ser bufón, qué triste vida!
Cuando los otros se alegran,
nos recuerdan las desdichas
y nos sumergen en penas;
si no, nos tratan de locos,
cuando no nos abuchean
o nos echan a patadas
o nos cuelgan de una cuerda.

MACRIS: (a Lépido) Basta de hablar, vamos ya
que la fiesta empezará (se van tras Zelotipo).

Telón.

Escena III
(en la fiesta, Zelotipus, Macris, Lépido, Formoso y acompañamiento)

ZELÓTIPO:  Dulce Macris, alma mía,
A la fiesta hemos llegado.

MACRIS: Llegó el momento esperado
de demostrar simpatía.
Mira con que altanería
va Formoso, mi querido.

ZELÓTIPO:  ¿Te acuerdas? Soy tu marido
y si es a él a quien quieres
yo sólo espero que esperes
por la muerte verlo herido.

MACRIS: No seas necio, amor...

ZELÓTIPO:  ¿Quién? ¿yo?

MACRIS: Si, tú, amor de mi vida,
no fue mi voz entendida
cuando ‘querido’ exclamó,
Pues a ti se refirió.

ZELÓTIPO:  Disculpa, querida mía,
mi honda descortesía
y a mi oído que anda mal,
pues no soy un animal
que de tu amor desconfía.

MACRIS: ¿Quién dijo eso, amado mío?
De celoso, nada tienes,
aunque a vigilarme vienes
cuando mi vista desvío
a algún hombre del gentío.

ZELÓTIPO:  Calla. (al público) Que aquí se encamina
el que a mi alma asesina,
ese hombre afeminado
peinadito y arreglado
y más fino que la harina.
Mejor me voy a otra parte
donde que escuchar no halla
las palabras de un canalla.
(a Macris) Ya que escuchar no es mi arte
ni el casarme, mis esposas
y me urgen tantas cosas,
siento, amada, defraudarte
mas no podré acompañarte
con este hombre sin par
en el arte de planear
como engañarme y montarte... (se aleja pensativo vuelve y dice) una trampa.
(hace que se va y se queda circunfiriendo la escena).

(ensueño: iluminación amarilla, a Formoso y a Macris, el resto en penumbras)

FORMOSO: (a Macris, arrodillándose a sus pies) Esos ojos derriten mi mirada,
es esa boca, el terrón de mis celos,
ese pelo, el gestor de mis desvelos,
ese cuello, mi pasión más añorada.

MACRIS: Este miedo de creer en tu balada,
estas lluvias que lloran mis pañuelos,
estos dedos que acunan mis anhelos,
este sueño que no tiene almohada.

FORMOSO: Si tus labios de cereza se cierran
si mi alma, tus lágrimas, no mojan,
si mis pasos no van detrás de ti...

MACRIS: Si tus afanes a mi no se afierran,
si los años tu belleza deshojan...
Mi amor... ¿qué sería de ti sin mí?

(realidad: vuelve la iluminación normal)

FORMOSO: Buenos días, cortesana,
¡Por Dios! ¡Qué bella luce
que a las bellezas reduce
tal belleza tan lozana!

MACRIS: Y en usted que hermosa está
su luz en tal desmesura
que es dulzura en su hermosura
que me mata si se va.

LÉPIDO: (al público) ¿Por qué debo festejar
esta escena en que en la rosa
se torna ya empalagosa
y en el arte de esperar
bellas frases de escuchar
oigo miel que a mis orejas
las pueblan de tantas quejas
dulzonas y redondillas
que mis oídos, al oírlas,
son panal de mil abejas?

ZELÓTIPO: (Gritándoles a Formoso y a Macris) ¡Con que escondiendo un secreto
a mis espaldas, canallas!

LÉPIDO: (a Zelótipo) ¿Sus espaldas son canallas?
Lo creí canalla a usted entero:
de la bota, hasta el sombrero.

ZELÓTIPO: (a Lépido) Si no quieres que me ciegue,
y en tu cabeza te pegue
huye de aquí vil bufón.
(a Macris) En cuanto a tí, corazón,
no sé que quieres que alegue...

MACRIS: Nada tienes que alegar,
dulce amado y alma mía,
pues tu voz es mi poesía
y es tu sueño, mi soñar.
A mi, Formoso llegó
pues a su ansia inquietó
el querer saber la hora
y mi voz contestadora
que son las diez contestó.

ZELÓTIPO:  Por lo que sé, de ese asunto,
la gente poco se habla,
mas esconde esta pregunta
una intención más canalla:
la de hacerse el distraído
para hablar con una dama.
(señalando a Formoso) Y más canalla es su intención
pues la dama está casada
por arreglo, de hace tiempo
con esta faz cortesana.
(a Formoso) Y si no le hace molestia
retírese de esta sala
o a un duelo lo retaré
donde yo seré el que mata
y usted será el que se muere
si es que a usted no lo acobarda
por mi mano verse muerto,
verse muerto por mis balas.

FORMOSO: Ok, acepto ¿Cuál es?
Me dispondré a dejar la sala (da media vuelta).

MACRIS: (a Formoso) ¡Recién me amabas, cobarde!

LÉPIDO: (señalando a Macris) ¡Posición adelantada!

ZELÓTIPO: (a Macris) Traicionera esposa mía.
(a Formoso) La suerte ya ha sido echada.

LÉPIDO: No, el echado fue Formoso.

ZELÓTIPO:  Su vida será arrasada.
Mañana, a la medianoche,
con un revolver por arma,
lo esperaré en la taberna
de la esquina de mi casa.

MACRIS: Quiero creer que querés quererme
pero creo que no me querés
porque el querer puede creer
en el querido y no quererle.

ZELÓTIPO:  Mucho quiero quererte, querida,
Mas no creo que creas en mi
Como creo creerte yo a ti
Creyendo a mi creencia creída.

LÉPIDO: ¿Por qué no allanan la parla?
¿Cómo quieren que les crea
sin que primero no sepa
de cual asunto se hablan?

ZELÓTIPO:  Silencio, bufón imberbe,
que este asunto no te importa.

LÉPIDO: Está bien, amigo mío,
me voy a hacer otra cosa
ya que tanto le interesa
estar solo con su esposa (se va).

ZELÓTIPO: (enojado, mirando la puerta por la que se fue Lépido) Arrogante comediante.
Le cosería la boca (se empieza a ir).

MACRIS: No me dejarás plantada.
¡Esperadme, vida mía,
que hasta recién no sabía
que me hallaba embarazada!

ZELÓTIPO:  ¡Traidora desfachatada!
Me rompiste el corazón
que te había regalado
y aunque no estuve a tu lado,
lo estuvo mi corazón,
que en su afán de ser tu aliado
me dejó y se fue con vos
sin dejarme una caricia
de su rítmico toc–toc.

MACRIS: Fue la pobreza mi esperma
y por ti luzco lozana.
Por ti yo soy cortesana
y parezco cortenferma,
porque el caviar y las termas
con que pagaste mi amor
alimentan el dolor
que en mi pecho se ha alojado,
por conservarme a tu lado
sin valorarme mejor.

LÉPIDO: (volviendo) ¡Deténgase la pelea!
cada uno a su rincón.
Porque yo mucho los quiero,
dense ahora un abrazón
y escuchen la moraleja
que enseñará mi canción:

(cantando) Como el gato y el ratón
era Iván, el del sartén,
enemigo de Ramón,
el galán vil de Belén.
Él llamaba la atención
con su vil novia Belén
a quien dio su corazón
frente a Iván y su sartén.
Era oriundo de Japón
el galán vil de Belén
y, aunque digna es su nación,
golpeó Iván con su sartén.
¿Por cual tácita razón
golpeó Iván con su sartén,
sin mirar el corazón
del galán vil de Belén?
Unos dicen que fue el ron,
otros dicen que Rubén
torna a Iván en enojón
si está a mano su sartén.
Si Rubén bien bebe ron
usa el vaso y no el sartén
con que Iván golpeó a Ramón
el galán vil de Belén.
Y a la fiesta a la sazón
todos van y no lo ven
arrojado en un rincón
por Iván y su sartén.

(Macris se va por la izquierda y Zelótipo por la derecha)

LÉPIDO: (a Formoso) Que le va a hacer, buen señor (se va).

(Formoso mira al público, sonríe pudoroso y se va a la izquierda arrastrando el pie derecho de frente al público)

Telón.

ACTO SEGUNDO

Escena I
(en la calle, Zelotipo y Lépido)

LÉPIDO: Pelado queda el halcón
(aunque la altura lo guarde)
porque él ama a una paloma
que luce escotes y encajes,
mas ella le dio su amor
a un vil gorrión ¡Qué desastre!
Pelado queda el halcón,
aunque la altura lo guarde.
Y apareció la cigüeña
por si faltaba algún ave.

ZELÓTIPO:  Deja de hablar de esos temas;
no soporto esos romances.

LÉPIDO: (al público) Como preocupa a mi amo
este adúltero romance
tendré que cambiarle el verso
por otro que mejor calce
(a Zelótipo) ¿Señor, prefiere el soneto?

ZELÓTIPO:  Prefiero yo que te calles
y no hagas burla de Amor.
Que Amor en ti se desate
y verás que nunca más
de él irás a burlarte.
(reflexivo) Pero cierto es lo que dices
he quedado a la intemperie
de su amor que me era propio
y que a Formoso ahora cede.
¡Qué mal que me va en la vida
que sólo un loco me entiende!

LÉPIDO: (al público) El que entiendo me cree loco,
ni la vida me comprende.

ZELÓTIPO:  ¿Te parece, mi buen Lépido
que mi amor pague con asco
y con reproche las joyas
que yo en su cuello he colgado?

LÉPIDO: Así es el matrimonio
¡Qué le va a hacer mi buen amo!
Uno se casa por gusto
y se divorcia por gasto.

ZELÓTIPO: (para sí) ¡Es la vida muy compleja!
¡Es la vida muy penosa!
¡La vida es como una rosa
que se marchita de vieja!
Los celos son una estaca (saca una petaca del bolsillo interno de su saco)
que me hieren la alma mía,
dejándome en la agonía
de besar una petaca (toma un trago)
y entrar a hacer alaraca
por un imberbe sujeto
el cual no siente respeto
por que el hidalgo Cervantes,
los buenos tangos de antes
o la magia de un soneto.

LÉPIDO: Cuanto dices es verdad
mas Formoso ha escuchado
y estudiado con esmero
tanto a Bach que ha interpretado,
mi buen amo, con su dama
tocata y fuga, insinuando
que a Piazzolla también oye
aunque el misterio ha sobrado
¿De quien será ese pibito?
¿Quien se la habrá embarazado?

ZELÓTIPO:  No lo sé, mas lo sospecho:
fue ese imberbe, despiadado,
pueril y estúpido coso.
Sé que en mi cuarto ha pasado;
me lo dice el corazón
de amores tan agraviado.
Hoy no he de dormir en casa
aunque me encuentre cansado;
me iré mejor a dormir
a algún motel alejado,
así el insomnio me encuentra
en mejor lecho abrigado.
Harto ya estoy de inquirir,
mejor me voy a dormir (se va).

LÉPIDO: (al público) Ta’ cansadito mi amo (se va).

Escena II
(en la casa de Zelótipo, Medea)

MEDEA: (hablando por teléfono) ¿Don Pérez?... Está muy contento
Se compró un Mercedes rojo,
flasheó apenas le echó el ojo.
¿Gustavo? Está violento
No tolera ser despojo
de su amor. Ser un invento
del amor que hay en su dama.
(escucha, 5 segundos) Después fue al shopping, mi ama,
a invertir algún centavo
dejando, luego a Gustavo
(y al buen Formoso en su cama).
(se oyen ruidos en la puerta) ¡Adiós, querida Roberta,
están llegando mis amos
y no quiero que me encuentren
con el teléfono en mano! (Medea corta y se pone a barrer. Entra Macris)

MACRIS: ¡Tragedia, Medea, tragedia!

MEDEA: ¿Qué ha sucedido, mi ama,
que tan preocupada luce
la blancura de su cara?

MACRIS: ¡Tragedia, Medea, tragedia!

MEDEA: Ya lo ha dicho, mi alta dama.

MACRIS: Mi Gustavo Zelótipo
al saberme embarazada
me dijo que el hijo mío
es semilla germinada
en las frondas de Formoso
¿Qué opinas de esto, criada?

MEDEA: (en voz baja) Opino que sí.

MACRIS: ¿Qué dices?

MEDEA: No dije nada, mi ama.
(en voz baja) Debía surgir un día
en el que eso se revelara.

MACRIS: ¿Qué dices, criada mía?

MEDEA: Mi ama, no he dicho nada.
Mas me alegra la noticia
de saberla embarazada,
aunque no tanto el saber
que no es por él aceptada.

MACRIS: ¿No es trágico esto, Medea,
que esto piense el que una ama?

MEDEA: Ya lo creo, mi señora,
pero está ya muy cansada
mejor se me va a dormir
y de esto hablemos mañana
cuando Febo el alba anuncie
que el insomnio es cosa mala
para dama embarazada (se van).

Escena III
(Medea, sola)

MEDEA: ¿Dónde rayos está Lépido?
que sola estoy yo sin él.
¿Por qué no vuelve a la casa?
¿A dónde rayos se fue?
¿A quién acudir ahora?
¿A quién decir cuanto sé?
Lo llamaré al celular
y todo le contaré (llama. Aparece Lépido. Se para a su lado. Hablan por teléfono)
¡Buen día, amor de mi vida!
¡Qué no sabes cuanto sé!

LÉPIDO: La doña está embarazada
y no se sabe de quién.

MEDEA: (excitada) ¿Seguro que no se sabe?

LÉPIDO: Sólo ella puede saber.

MEDEA: ¿No te emociona querido
investigar de quien es?

LÉPIDO: ¿Para que, querida mía,
te empecinas en saber,
si es más dulce una mentira
que deje contento a todos,
que la verdad (si después
terminamos separados
cada uno con su amo
sin alcanzarnos a ver)?

MEDEA: (con tono de réplica) ¿Guardarías la verdad
porque todas nuestras cosas,
nuestros sueños, nuestras rosas,
se queden tal como están
velando la realidad
para así poder vivir
y después ir por ahí
cantando un canto altanero
sabiéndote un embustero
que sólo sabe mentir?

LÉPIDO: ¿Por qué crees que es tan malo
confesarse un embustero?
Y ¿Qué quieres enseñarme
que aprender solo no puedo?

MEDEA: A aprender, amigo mío,
a aprender a ser sincero.

LÉPIDO: (a Medea) Si bien tengo poca edad
no te hablaré de maestro
pues mi maestra es la vida
y de la vida yo aprendo
las verdades que os diré,
pues por verdad las concedo:
No hay peor amor que el honor
si es el honor ser sincero.
Escuchad, querida mía,
escuchad a los sinceros
que os reprochan sus pesares:
“Lo que os diré es muy sincero
y espero que no te ofenda:
por tu culpa estoy enfermo
y es miserable mi vida”,
“Por ti yo soy cartonero”,
“No me gustan tus ojeras”
y “eres fiero, no te quiero”.
¿Es honrado ser sincero?
Si ser sincero es ser honrado,
ser delincuente prefiero.
Ser sincero es egoísmo
y un simplismo es ser auténtico;
si les doy sinceridad
y no los mato, me muero.

MEDEA: Tras esta gran perorata,
tú me dirás: “No te quiero”.

LÉPIDO: Dulce amada y alma mía,
escuchad lo que yo siento:
Cuando te miro, me pierdo;
cuando te miro, descubro;
cuando te miro, soy lerdo;
cuando te miro, me cubro;
cuando me mirás... ¡qué miedo!;
cuando me mirás, renazco;
cuando me ves, yo te quiero,
mas cuando no, ¡qué asco!

MEDEA: ¡Insensible y embustero! (corta, se va)

LÉPIDO: (al público) ¡Aguante Don Maquiavelo! (se va).

Telón

ACTO TERCERO

Escena I
(Formoso al día siguiente, en su casa, solo)

FORMOSO: Ayer me han retado a un duelo
que seguro perderé;
mas yo sin ella, me muero
y, si él me mata, también.
Y si bien no sé de duelos
de coraje me armaré
y con una veintidós
el reto le aceptaré.
(mirando el retrato de ella) Por ti, mi vida, por ti
enfrentaré yo a la muerte
aunque nunca vuelva a verte
ni a tus labios carmesí.
(reflexivo) Mas iré yo a la taberna
vestidito con un traje,
para que en la funeraria
–si mal el duelo me sale–
no me vistan con mil telas
o ropas que desencajen
con el ébano del cofre
con detalles de diamante
que por sepulcro compré.
No vaya a ser que un pedante,
por no ver que soy mejor,
me haga dormir lamentable
en un ataúd de pino
y una lápida delante (se va).

Escena II
(Zelótipo y Lépido, en la taberna)

ZELÓTIPO:  Casi ya es medianoche
Y el gusano no ha llegado.

LÉPIDO: Pero si usted ya está aquí.

ZELÓTIPO:  Cierra la boca, bastardo, (le pega en la cabeza)
que no ando yo para bromas
ni tampoco te he pagado
para que burles mi nombre
y por eso te he pegado.
¿Vendrá acaso ese cobarde
a quien a duelo he retado?

LÉPIDO: No lo sé, quizás, ni idea.

ZELÓTIPO:  Moriré si no lo mato (entra Formoso).

FORMOSO: No te me mueras, cobarde,
que aquí estoy porque soy malo.

ZELÓTIPO:  ¿El qué dijiste, canalla,
que muy bien no te he escuchado?

FORMOSO: Que no te creas que tarde
estoy aquí por el paro
de camioneros que hay
ahí en la esquina, en el barrio
Y no podía pasar,
y todo eso (se sonroja y se ríe tímidamente).

ZELÓTIPO:  ¡Gusano!
Ahora saca tu revolver (Formoso saca el disco “Revolver” de The Beatles).
mi bufón te ha contagiado
sus hondas estupideces
mas ya tu hora ha llegado (entra Medea, llorando y agitada con una carta cerrada).

MEDEA: Señor Gustavo, señor,
la señora se ha matado
y en la mesita del living
esta carta le ha dejado (le entrega la carta).

ZELÓTIPO:  Estás muerto, vil Formoso,
mi mujer se ha suicidado (Formoso se aterra).
Si no os molesta leeré,
enfadoso y amargado,
la sentencia de tu muerte,
después serás balaseado.

(leyendo) ¡Oh, Zelótipo amado!
Mi escrita voz a la taberna envío,
pues sé, te has enojado
por el descuido mío
de pagar con ardiente amor tu frío.
Si hoy la cerveza gozas
por ser una miel amarga y helada
do tus manos reposas,
cual ella fui dorada,
pero yo a tu interior no tuve entrada.
Si un maní estás comiendo
y para ello la cáscara le quitas
cual tú, voy desvistiendo
mi amor; y si pitas
tabaco, cual a su humo, tú me evitas.
Es cierto, te he engañado,
pero hoy está –porque en ti no hubo amor–
mi vientre embarazado
y manchado, mi honor,
que es lo que me ocasiona más dolor.
Fue con un hombre intrépido (Lépido lentamente comienza a irse)
que me quiso cuanto hoy lo quiero,
fue tu buen buzón, Lépido, (Formoso le cierra la puerta)
el que forjó a tu heredero.
Por él pude vivir y por vos muero.

Telón.

EPÍLOGO

LÉPIDO: (disfrazado de angelito) Queridos espectadores,
antes que muevan las piernas
y digan entre el gentío
que esta obra nada enseña,
les dejaré, a falta de una,
las catorce moralejas
–ordenaditas y en limpio–
que este drama les enseña
a quienes siempre se ensañan
con esta vida moderna:

Todos los vasos se llenan con gotas,
todas las certezas son inflamables,
todos los pueblos son redes de cables,
todos los gatos se quitan las botas,
todas los años parecen minutos,
todas las miserias, indestructibles,
todos los sistemas, insostenibles
y todos los labios parecen frutos.
Todos los sueños los pinta Dalí,
todos los bares regalan maní
y todo ideal termina en Sodoma.
Todos los cuerdos mienten más que un loco,
todos los días me muero de a poco,
pero no todo camino lleva a Roma.

Eso es todo, caballeros;
gracias por haber venido,
tengan todos buenas noches
y sueñen con angelitos.

Telón.

FIN de LA CORTESANA INDOMADA

lunes, 18 de octubre de 2010

Derecho a la tristeza

Hoy exijo mi derecho a la tristeza
sin ruido ni retórica
sin el consuelo de los abogados,
ni de los patos azules
ni de los catedráticos de la ética postmoderna

Hoy quiero ejercer mi derecho
de fusilar al planeta
con cartuchos de silencio
y vomitarle a mis zapatos mientras camino
el monstruoso grito se me cruza en la garganta
y apretar la tecla secreta
que apaga el foco de la luna.

Mañana será otro día,
por supuesto,
quizás mañana
otro sea el cantar,
pero hoy aún no es mañana.

martes, 3 de noviembre de 2009

Tercer festival de "POESÍA, DE ACÁ"


Sábado 21 de noviembre

17 hs. Mesa de lectura

Jorge Chiesa

Augusto Mónaco

Walter Viegas (Buenos Aires)

18 hs. Presentación del libro Fuga,

de Evangelina Aguilera

19 hs. Mesa de lectura

Eliana Belén

Charlie Serra

Valentino Cappelloni

20 hs. TRIPLE PRESENTACIÓN DE NUEVOS TÍTULOS DE DÁRSENA3

La dicha refinada, de Carlos Ríos.

Porfía, de Gastón Malgieri.

Maldita equis, de Fabián Iriarte.

21 hs. Cena Chesterton

Domingo 22 de noviembre

17 hs. Mesa de lectura

Víctor Clementi

Jorge Núñez

Diego Romero

Joaquín Correa

18 hs. Mesa de lectura

Nicolás Pedretti

Diego Paieta

Pablo Salido

19 hs. Mesa de lectura

Emiliano Aldegani

Fernando Baldini

Demian Basualdo

20 hs. Mesa de cierre

Eva Murari (Bahía Blanca)

Marcelo Díaz (Bahía Blanca)

Carlos Battilana (Buenos Aires)

Mario Arteca (Buenos Aires)

Marina Yuszczuk (Bahía Blanca)

María Medrano (Buenos Aires)

Además, todos los días: venta de libros de editoriales independientes (dársena3, vox, gog y magog), revistas literarias, ediciones de autor y show de rayos láser.

jueves, 30 de julio de 2009

Inventario de tequieros



Dedicado a mí mismo, por ser tan copado


Al principio fue un te quiero
de los que saben querer sinceramente,
un te quiero con el corazón desnudo
como el arrullo del arroyo en la montaña.

Pero de tanto quererte y quererte mansamente,
te fui queriendo más de lo que quise,
te quise con mil legiones de te quieros
temblándome en el pecho,
con todos los te quieros juntos
desde el primer te quiero
hasta los te quieros que aún no se han querido.

Y, como si tantos te quieros no alcanzasen,
te quise también con te quieros de otros mundos,
de esos mundos donde brotan manantiales de te quieros,
donde la gente come te quieros en las cafeterías,
se baña con te quieros de tango y de vainilla,
con te quieros de licor y de frambuesa
y llenan las secretarias toneladas de folios de te quieros
y, a cada instante, de cada te quiero
nacen otros mil te quieros más.

Después te quise con te quieros militantes
que pintan con aerosol “¡Te quiero o muerte!”
y fui un gigantesco terrorista del te quiero
un te quiero kamikaze
de esos que se pintan la cara de te quieros
y que dejan la vida por quererte.

Fui un te quiero armado de fusiles
cargados de te quieros
o quizás de un solo te quiero
pequeño como una granada
que explota con la fuerza de un te quiero colosal
del que se desatan,
con fuerza relámpago y de trueno,
cuarenta y siete millones de te quieros.

Fui un te quiero
que de espaldas al olvido
hubiese cambiado su vida
por que el planeta entero quepa
en el último grito del último te quiero.

Pero ahora te quiero tanto y tan sin formas,
tan sin entender por qué te quiero,
que tendría que contratar una agencia de te quieros
para que me lo expliquen ante un escribano
que me haga firmar un documento
para que de una vez y para siempre
quede asentado en actas que te quiero.

jueves, 28 de mayo de 2009

De algo hay que vivir



¿Cómo no sentirse tan Ramón Ortega en sus luchas contra los corsarios y su alma de navegante cuando uno mira el mar? Esta es quizás una de las tantas preguntas que Quique, el joven aprendiz peluquero, jamás se hizo. Para él como para tantos otros la vida se resumía en las dos salchichas descarnadas que se habían acomodado en el agua estancada del hervidor y que, como nadie las sacaba, habían decidido establecer en él un microsistema orgánico de los más fecundo.

¡Pobre de Quique! Los autos lo empapaban de barro en la peluquería le decían “Preyeso, asesino de cabezas”. Su clientela disminuía a pasos escalofriantes y Mirta los había abandonado por el verdulero de la esquina. Quique intentó explicarle que lo de él y el verdulero fue sólo una aventura y le juró que no volvería a suceder. Pero para Mirta eso había sido el fin. Eso y que dejara destapado el dentífrico cada vez que se lavaba los dientes. También en esto intentó excusarse el pobre Quique argumentando que no se los lavaba casi nunca. Pero fue en vano. Todo fue en vano. Quique ahora no tenía destino en el mundo.

Una cálida mañana de Febrero mientras paseaba por la peatonal una gitana le leyó la mano y se asombró al ver en ella el número de teléfono de su tía Carolina: “452mmmmmmmm” dijo la gitana imitando a Susana Giménez. Luego, con un pañuelo, le limpió a Quique el sudor de la frente y agregó: “Tú tendrás una hija, mocito, y la llamarás Bola de Lomo” y después se fue caminando a paso lento ante los desconcertados ojos de Quique que la veía perderse entre las multitudes. Y fue entonces que al volver a mirarse la mano sucedió algo que realmente lo sorprendió: la gitana le había robado el reloj.

Durante meses y meses sólo resonaban en su mente aquellas desconcertantes palabras “Tú tendrás una hija, mocito, y la llamarás Bola de Lomo”, “Tú tendrás una hija, mocito, y la llamarás Bola de Lomo”, “Tú tendrás una hija, mocito, y la llamarás Bola de Lomo”, como un hipnótico sonido que lo suspendía en un estado de inacción del que no saldría hasta el mes de Julio. Porque fue en ese mes que conoció a Julieta, la novia del hombre que tenía puesto su reloj. “Esta es la señal -se dijo Quique-, ella será la madre de Bola de Lomo”. “¿Bola de Lomo, me oyes? -grito a los cielos- he encontrado en quien gestarte” y tomando a Julieta del brazo recibió una piña de su novio (el de Julieta) que lo mandó al hospital con fractura de tabique y todo. ¡Ahora sí que el pobre Quique no necesitaría lavarse los dientes porque apenas si le quedaban!

En el hospital fue a visitarlo Mirta para recordarle que la bombacha que había quedado en la canilla era de ella pero que no la pensaba ir a buscar porque el bosque de moho entorno a las salchichas le daban nauseas y para contarle que se había arreglado las lolas pero que él no se las podía tocar por lo del dentífrico y el verdulero. Porque lo del dentífrico era cierto, no lo usaba casi nunca, además ese era ya un problema sin vigencia puesto que de aquí en más no lo necesitaba por lo de la piña del novio de Julieta, muchacha agraciada y de buen corazón. Pero aquello del verdulero... Mirta le dijo que le había dolido más a ella que a él (que no era poco). Pero que estaba dispuesta a volver con él si él le daba un hijo. Allí nomás, en la cama del hospital se trenzaron en un abrazo que se fue tensionando hasta resultar en una niña a la cual Quique imploró llamar Bola de Lomo.

Así fue que nació la niña y Quique acarició el rostro de Mirta mientras advertía algo raro en su piel, la rasguñó y le tiró la piel sólo para advertir que era una máscara tras la cual vio el rostro libidinoso del verdulero de la esquina. “¡Mi hado se ha cumplido!” gritó Quique, y así fue.

jueves, 21 de mayo de 2009

La rosa blindada



La mejor poesía social en un solo blog.

viernes, 22 de agosto de 2008

Pebeta porteña



Pebeta cantame tu tango porteño,
cantá con tu canto la noche y el sol
que siento en tu canto el canto de un sueño
que sueño contento si pienso en tu amor.

Porteña querida, pebeta de mi alma
ya siento que clama tu voz de gorrión
que siento que canta la luz que me ama
del sueño que sueño, soñando con vos.

Pebeta porteña, arrabal en flor,
mi vida y mi muerte, en tu bandoneón,
ya tus labios rojos, puñal de cantor,
abrieron mi pecho con una canción.

Tu canto altanero que tanto recita
tu boca en un sueño rubí de cantor.
Tu canto te sueña, tu voz me lastima,
me cierra la puerta de tu corazón.

Pebeta porteña quebraste mi alma,
quemaste tu leña en mi corazón.
Tu boca te sueña, tu canto me llama,
tus ojos son señas de mi perdición.

Ya siento que mi alma se tiñe de encanto
Al ver a esa rosa, oculta en tu voz
que quiere quererme y no quiere tanto
Teñir con su rosa la boca que doy.

Pebeta del barrio, porteña querida,
tu boca es mi vida y tu canto es mi amor.
Escondo mi anhelo en tu voz herida,
tu canto cansado y mortal de gorrión.

Tu canto altanero que tanto recita
tu boca en un sueño rubí de cantor.
Tu canto te sueña, tu voz me lastima,
me cierra la puerta de tu corazón.
.

El cornovalito II

Capítulo inaugural de la segunda parte vuestra narración preferida que se llamará “Cornovalito II o el Dr. Chihuahua ataca de nuevo”

Sabido es que cuando el Cholo murió, llegó al igual que cualquier otro, al cielo de verdad, lugar bastante más copado que el proyectado por Nuestra Santísima Santidad Ensantizada. A la deriva estaba nuestro héroe por las celestiales autopistas, hasta que, en uno de esos angustiosos días en que el Cholo había caminado por entre las aguas, cosa común entre los mesopotámicos, sucedió que al cielo mismo le salió una verruga. Mirolo el Cholo con honda compasión y le dijo con acento gongorino:

–Oh triste cielo, saber debes que una verruga en tu velo ha florecido.

–Obvio, nene, los cielos somos así –respondió el cielo.

Decir éste que fue interrumpido por un hecho de lo más curioso, y éste fue el de ver el Cholo aproximársele un simpático ángel peronista que no le dijo sino los versos que aquí se transcriben:

–De esta causa yo rezongo, y mirá como te pongo –al tiempo que le sacudió una serie corchazos que fueron a incrustársele a nuestro héroe en su cráneo.

Poco fue lo que duró su agonía y, ya muerto en el cielo, no le quedó otra que asentarse en el infierno. Fue, justamente, en aquellas ardientes latitudes donde se encontró con De Narváez, quien, vistiendo una camisa almidonada y una vinchita de elefante, se quedó mirándolo y le dijo del modo siguiente:

–Esto es un paco.

–¿Lo fumamos? –preguntó el Cholo.

–No –sentenció De Narváez–. No debieras consumir droga, Cholo, pues hay poca y somos muchos.

Dicho lo cual surgió en el Cholo un ferviente interés en el mundo del pensamiento por lo que, tras un arduo razonar, entendió que Sócrates era mortal hasta que se fumó un paco de cicuta aunque, de hecho, el mismo Sócrates no haya existido, pensamiento éste al que la sombra terrible de Sarmiento agregó:

–Cierto es, querido Cholo. Lo mismo que Shakespeare que para mí no existió aunque sin duda fue puto.

–Yo cuando sea grande quiero ser Puto –agregó Dominguito, hijo célebre del célebre Sanjuanino.

–¡Jamás! –sentenció el Padre del Aula al cual se le han dedicado infinitud de glorias y loores.

–Está bien –se resignó a decir Dominguito– si no me dejás ser puto, entonces voy a ser Tribilín.

Y así fue que el Cholo comprendió el error que había cometido al apoyar la campaña de Terráneo:

“¡Oíd mortales la queja de mi alma! ¡Oíd el profundo llanto que aqueja mis sentidos! Heme ahora en mi fama convertido en un pituco de mierda. ¡Ha de la vida! ¿Nadie me responde? ¡Aquí de los antaños que he vivido! La fortuna a mi dicha ha destruido, mis volantes de la coalición cívica mi locura los esconde ¿Por qué el alma que en mejores tiempos supo ser mía, como mía fue su gloria, pertenece ahora a González Oro, Príncipe oscuro del oscuro averno”.

Y fue en diciendo estas palabras que San Pedro se apiadó y lo llevó de vuelta al cielo, donde el Cholo juró retornar al camino que jamás debió haber abandonado: la recta vía del justicialismo.

Al regresar al cielo por segunda vez, encontrose el Cholo con el hecho que mayor felicidad le causaría en las postrimerías de los tiempos: darle un abrazo a su querido General Perón. “Porque para un peronista no hay nada mejor que otro peronista” había dicho Juan Domingo en ocasiones pretéritas. Y fue así que, lloroso y sin dejar de abrazarlo, el Cholo le dijo al Pocho:

–Mire como ruge la leonera, mi General. Dos potencias se saludan.

Enunciación no del todo afortunada en la medida que desencadenó en el Cholo una tremenda lluvia de trompadas que sobre él hizo caer José María Gatica.

–Por copión –dijo el púgil dando por terminada la ira que nuestro héroe le había despertado.

Al rato se encontró el Cholo con sus amigos que no veía desde la primera parte de esta historia.

Arbuto lee en "Descartes"

Los presentes videos fueron grabados por Candelaria Barbeira o Candu, para los amigos. A Candu me une tanto el compañerismo como el respeto de saberla una de las más grandes profetas del nacimiento de mi perro Ruffo. Por ella pudieron ser estos videos y a ella van dedicados.

"Descartes" es un encuentro (más o menos) mensual que se realiza en Mar del Plata destinado a reunir gente dispuesta a leer y/u oir literatura (mayoritariamente, son estudiantes de letras aunque dichos eventos son absolutamente abierto al público general). Iniciado por la Doctora Marcela Romano y celebrado ahora por la secretaría de Cultura de la Municipalidad de General Pueyrredón, "Descartes" se realiza en el bar "Dickens" bajo la organización de Daniel Nimes y José Mayor, leonino que hoy 22 de agosto cumplió 28 años.

En la primera ronda de "Descartes" Arbuto leyó algunas de sus sátiras:

video

En la segunda ronda, dispuesto a remediar el olvido respecto de los tercetos del último soneto, lo leyó completo y narró también el capítulo inaugural de "El cornovalito II":

video

Damas y Caballeros, eso fue todo.

Fotos del magnánime Arbuto o Arbuto, el Supino, como se lo conoce en Emiratos Árabes Unidos